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Francia ha tenido el monopolio de la cocina durante tres siglos y que Ferran Adrià haya roto moldes, no es nada fácil. En El Bulli acuden personas de todo el mundo en busca de recetas y experiencias. Adrià es ahora chef, crea unas 120 nuevas recetas al año, recopiladas después en su obra bibliográfica y audiovisual. Nos desveló el pasado de El Bulli y su evolución, cerrando cada invierno y con una época de poquísima clientela (1983-1999), superada por la lista de premios y recomendaciones, sus tres estrellas en la Guía Michelín, y su reconocimiento como el mejor restaurante del mundo en 2002, 2206, 2007, 2008 y 2009.
En El Bulli hay una fuerte presión de trabajo, -setenta trabajadores para cincuenta clientes- y Adrià nos aseguró que la alta cocina no es negocio, la producción es muy cara para sacar beneficio (tendría que cobrar 1000 € por comensal para hacer negocio). Si no hubiera sido cocinero, me hubiera gustado ser multimillonario, lo dijo en serio. Una Fundación en camino… Está invitado a muchas universidades para dar clase y en El Bulli hay practicantes de todo el mundo elegidos por su currículum. Una vez al año, quiere tener contacto con la gente joven como nosotros.
Sentados alrededor de la mesa de uno de los comedores los veintiocho alumnos, Adrià responde al flasch de preguntas que intercambian Rebeca Marcos y David Plaza en representación de sus compañeros. Empieza diciendo Adrià: Las preguntas no son nunca un problema, lo son las respuestas. Hago unas 1000 entrevistas al año… Al final de la entrevista, aún hay alumnos que se interesan por su especialidad, experiencia gastronómica y cinematográfica como Alex Bravo, Mónica Redondo, entre otros.
El Bulli empezó con un permiso de obras para un minigolf que solicitaron los fundadores del restaurante Hans y Marketta Schilling en los años sesenta. La señora Schilling servía comidas antes de que existiera el establecimiento, organizando parrilladas de carne al aire libre. El nombre que más tarde recibirá El Bulli viene del apodo que los fundadores les dieron a sus bulldog franceses bulli.
La meta de Adrià eran las empresariales y no había pensado ser cocinero. Hoy es el director creativo de uno de los restaurantes más reconocidos mundialmente. Su trabajo actual es qué hará en 2014. Él dice que siempre tiene que haber una llama para que haya fuego. Su objetivo es seguir creando algo nuevo. No quiere cambiar nada de su filosofía para el agrado de los demás y esa es una de las claves de su éxito.
Afirma que toda la vanguardia siempre tiene que tener críticas, esa es la primera ley. La polémica cuanto más feroz es, más vanguardia es. Un cuadro se mira 30 minutos, pero al comer se juntan los cinco sentidos en un segundo y no se puede analizar porque es muy complejo. La cocina es la única disciplina en la que se utilizan los cinco sentidos, un plato por si solo es multisensorial y es que no podemos llegar a imaginar el proceso mental que tiene lugar en cada uno de nosotros cuando comemos. Define la cocina como ciencia, historia, sensibilidad, comunicación y, sobre todo, arte.
Todo lo nuevo es raro en la vida. Al preguntarle qué es para él la creatividad responde que dentro de la creatividad está el arte. La creatividad es tener libertad y ante todo no copiar. Para tener esta libertad activa, necesitas tener libertad económica. Todos los creativos tenemos ego, queremos ser los primeros. Ésta es una de las razones porque en el mundo del arte hay tanta esquizofrenia. Además explica con sinceridad que nunca ha sufrido depresiones. ¿El por qué? Porque él nunca ha buscado esto. Un alumno le preguntó cuál sería su reacción si algún día se le acabara la creatividad. Su respuesta fue sentirse orgulloso de todo lo hecho hasta ahora.
Ir a la Documenta de Kassel es el sueño de la mayoría de los artistas. Su aparición en la Documenta 12 creó mucha polémica debido a que muchos no consideran la cocina un arte, pero Ferran Adrià ha querido convertir su creatividad gastronómica en arte.
Quisimos indagar más sobre su perfil humano y artístico. Su museo preferido es la Fundació Joan Miró de Barcelona, la casa que le encantaría tener. Le gusta mucho Picasso; la música de Beethoven, Sidney y Barcelona para visitar. Su imagen elegida, Cala Montjoi. Su guiso preferido, dice que depende del momento. Le pedimos una sugerencia culinaria suya y puso de manifiesto sus recuerdos del Japón. Admira los creadores de la Nouvelle Cuisine y es amigo de Miquel Barceló. Añadió que en el mundo del arte no se ha sabido porque el mundo de la cocina no le ha interesado el arte. No encontramos en la Historia del Arte, por ejemplo, retratos de cocineros.
Para nosotros los alumnos de Historia del Arte, Diseño y Cultura Audiovisual del Colegio Alemán de Barcelona, conversar con Ferran Adrià ha sido una de esas oportunidades que se presentan pocas veces en la vida, es algo que siempre recordaremos. Termina diciendo: Comer bien es alimentar el alma y dándonos un consejo para la vida: Lo que no puedes cambiar, no te preocupes.
Nos alegramos de que haya tenido la oportunidad de crear y de triunfar. Al final, después de 3 horas de visita, Ferran Adrià, se despide cordialmente de nosotros.
Stefan Ackermann (11b), Eira Scheper (11d), Yara Weber (11c), Flaßia Mießel (11b), Tamara Nottalgiovani (11d)
Agradezco la participación de la Sra. Pingel y de los alumnos en relación al material fotográfico: Maria Arimont, Sarah Iglesias, Salka Poeschel, Andrea Reder, Jara Weber. También al Sr. Thomas Finger por la realización de la web.
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