Revivir el pasado con la mirada del futuro

El día 30 de mayo de 2016 fuimos a Corbera d’Ebre, al Poble Vell, para trasladarnos 78 años atrás, cuando el 25 de junio de 1938 tuvo lugar la batalla del Ebro. Aquella fue una de las batallas más importantes de la Guerra Civil. Los republicanos lucharon contra los sublevados, también llamados nacionales, siendo uno de los objetivos de los republicanos conquistar Gandesa, capital de la comarca de la Terra Alta.

Los nacionales habían llegado a Corbera y los republicanos intentaron conseguir su objetivo cruzando el río Ebro, que en aquel momento se utilizaba como una frontera entre republicanos y nacionales.
 
Los republicanos nunca llegaron a conseguir su objetivo (Gandesa), pero ganaron 700 km2. Mantuvieron la ocupación una semana, pero no avanzaron más. Murieron miles de personas y quien más sufrió fue la población civil, ya que fue implicada en la batalla sin poder decidir si quería participar o no. Ante este contexto histórico, el día 30 volvimos a revivir aquella batalla pasando por el Poble Vell. Vimos partes del pueblo, donde lucharon los dos bandos y también entramos en la Iglesia de Sant Pere, donde se veían marcas de artillería y grandes agujeros en el techo.
 
Se nos hace difícil imaginar una situación como esta, porque, por suerte, no la hemos vivido. Hoy hemos intentado trasladarnos a aquella batalla, sabiendo que allí mismo habían muerto miles de jóvenes soldados de la llamada “quinta del biberón” peleando por su patria. Este hecho nos hizo pensar en lo fuerte que tiene que ser uno para aguantar, sin su familia, en condiciones pésimas.

En su época, Franco mandó construir un nuevo pueblo, y se abandonó el destruido. Nuestra ruta siguió también por esa nueva zona.

Nuestra segunda parada fueron las llamadas “Trinxeres de les Devees”, que pudimos observar muy de cerca. Fue una gran experiencia, ya que lo vivimos de tal manera que nos permitió meternos en la piel de aquellos soldados, que en esos lugares elevados atacaban y se protegían de los enemigos.
       
Una de las cosas que nos llamó la atención fue que las trincheras no eran lineales, sino que tenían unas formas curvadas para así poderse proteger mejor de las bombas aéreas.  El hecho de que fueran reales hacía muy fácil imaginarnos a los soldados asustados, que corrían por aquellos profundos agujeros intentando sobrevivir.  

Era fácil poder imaginarlos, pero era muy difícil saber lo que habían sentido. Ni tan siquiera percibir todo el dolor, el miedo y la tristeza que habían pasado allí. Era difícil atrapar la esperanza que había dentro de ellos, porque al fin y al cabo no sabemos si realmente tenían esperanza alguna.  

La tercera y última parada fue el Centro de interpretación de los 115 días. ¿Por qué 115? Porque estos fueron los días que duró la batalla del Ebro. Había mucho material e información sobre los soldados que lucharon en la batalla. Uniformes, armas, incluso las cartas que mandaban a sus familiares. Allí estaban sellados sus recuerdos, sus vivencias y sus momentos más duros.

Ha sido una experiencia muy positiva. El mundo de la guerra y de la batalla se aleja del nuestro; sin embargo, para entenderlo y comprender el presente, necesitamos saber nuestro pasado y hoy todos nosotros hemos revivido la historia para aprender de las generaciones anteriores y así poder mejorar y no cometer los mismos errores.

Preslava Boneva 11c

 

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